2. EL RITO
Bum.Bum.Bum
A cada paso que daba, la maza golpeaba el tambor, haciendo estallar aquel ruido infernalmente atronador. Al oírlo la gente más cercana se apartaba y formaba un pasillo para que mi séquito y yo pudiéramos pasar y avanzar lentamente hacia la Colina Sagrada.
La lluvia-que-mata había descargado su furia contra la tierra esa misma mañana, así que mis pies descalzos se iban abrasando a medida que se hundían en el mortífero barro. Pero yo apenas lo notaba, los Ritos del Fin de la Noche me habían dejado aturdida y desorientada. Estaba segura que aquel brebaje que los hombres sabios me habían hecho beber llevaba algo extraño disuelto que era el causante de todo. A mi alrededor se confundían las imágenes, y los himnos que resonaban por todas partes me llegaban distorsionados.
Todos me decían que era afortunada al haber sido elegida para completar el Rito, que después de aquello mi vida dejaría de ser miserable y me ganaría el favor de los dioses para que mi gente pudiera volver a disfrutar de la luz del sol un año más. Yo siempre había creído que era cierto, y recuerdo que desde siempre había acudido año tras año al Rito para observar con envidia a la Elegida. Ella siempre era bella y pura, elegida por los dioses y tocada con sus gracias.
Todas soñábamos con convertirnos en una de ellas.
Para nuestras familias sería un orgullo y un honor, y nosotras viviríamos para siempre en la morada de los dioses, lejos de la oscuridad de la Tierra de los Desterrados.
Los hombres sabios nos contaban que todo esto no había sido siempre así, que hubo un tiempo en que nuestra tierra era la viva imagen de las tierras divinas. Pero nosotros la destruimos al dejarnos llevar por nuestros instintos más bajos y olvidar las enseñanzas de los dioses. Así apareció la Tierra de los Desterrados, fría y oscura, donde solo los más ancianos recordaban el significado de la palabra “verde” y la mayoría de los niños morían sin llegar a ver la luz del sol en todo su esplendor.
Por eso los dioses nos castigaron, pero en su infinita bondad también nos dieron un medio para que pudiéramos enmendar nuestros errores: el Rito del Fin de la Noche.
Y para eso estaba yo allí.
Por fin llegamos a la cima de la Colina Sagrada y uno de los hombres sabios me hizo arrodillar frente al altar. Ellos empezaron a entonar un cántico, pero yo solo podía fijarme en el chico que estaba frente a mí. Él era el Elegido, mi complemento, mi compañero en el viaje que íbamos a emprender. Los hombres sabios nos dijeron que en la morada de los dioses nos casaríamos y nuestros hijos serían espíritus de la tierra que protegerían a nuestro pueblo. Por un momento pensé que ojalá pudiéramos tener hijos en este mundo, pero eso ya no podía ser.
Le miré fijamente durante una eternidad para ver si me devolvía la mirada y así ver su alma en sus ojos, pero él estaba demasiado enfrascado en la imagen que tenía delante: el cueco que recogería su sangre sagrada durante el Rito.
En ese momento los hombres sabios dejaron de cantar y se acercaron a nosotros. Uno de ellos se colocó detrás de él, posó suavemente una mano sobre su cabeza y sacó un cuchillo. En ese mismo instante supe que detrás de mí había otro haciendo lo mismo.
Cerré los ojos en el momento justo en el que el acero nos acariciaba delicadamente el cuello.
Todo se volvió negro.
A.
Basado en La Consagración de la Primavera de Stravinsky, quizá fuera buena idea escucharla mientras se lee. A mí me inspiró.
1. ENSAYANDO LO YA ERRÓNEO
Entonces salgo, con la cabeza bien alta, esperando a ser aplaudido por lo que sin lugar a dudas será la última vez, mirando al frente. Ni una gota de sudor.















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Un cordial saludo.
Que grande “El rito”!!! Me emociona comprobar que, además de todo lo que ya sabía de vosotros, escribís genial!!