Cuentos oceánicos con viento sur

Aquí tienen cabida todas las historias que quieras inventarte y compartir con el resto

6. El reflejo en el espejo

Quiero ser como él. Quiero salvar a los humanos de los extraterrestres, quiero salvar a los gatitos de las ramas de los árboles, quiero tener un traje especial para las misiones secretas y quiero que reine el bien en el mundo entero.

Estas palabras suenan muy ambiciosas, pero yo sé que él hace todo esto cuando no le veo. Estoy seguro. Si no, ¿qué hace cuando yo estoy en el cole, comiendo con mamá o cuando estoy jugando con mis amigos en el parque? No hay otra opción posible. Si no, pasaría más tiempo conmigo cuando estoy solo en mi habitación. En los momentos en los que está en casa, muchas veces espío sus conversaciones telefónicas para intentar descubrir su nueva misión secreta y me escondo detrás de la puerta cuando sale de casa para investigar hacia dónde se dirige. Sé que esto es lo que tiene que hacer, y que es mucho más importante que cualquier otra cosa. Lo entiendo perfectamente.

Nunca me lo ha dicho, pero estoy seguro: mi papá es un superhéroe.

Yo seré como él. Quiero ser como él.

B. R.

5. Tras esas palabras

Tras esas palabras, ella por fin se echó a sus labios.

Había estado esperando ese beso durante meses, años quizá, antes de que pudiera ser realidad. Llevaba enamorada de él… no sabía cuánto, ni siquiera recordaba cuándo se dio cuenta. Pudo ser más o menos intenso al principio, pero era cierto que desde hacía poco la sensación de su ausencia se había tornado mucho más punzante, casi insoportable. Y ahora, por fin, el beso más esperado de toda su vida se hacía realidad.

Él era un excelente besador, aunque ella ya se lo suponía. Él, sin ser prefecto, para ella reunía todas las cualidades que un hombre bueno podría tener. Era inteligente, educado y, aunque algo tímido, tenía un corazón de oro. ¿Guapo? O, no es que fuera demasiado guapo, pero a ella le parecía el hombre más atractivo del mundo.

Él cambió la táctica de ese beso perfecto, y le negó sus labios durante un momento. Eso incrementó su deseo. Volvió a cazar sus labios y le acarició el cuello por detrás. Los mechones de pelo castaño se le enredaron en el pelo, y el tiempo siguió parado.

-¡Corten! Genial, chicos, lo habéis hecho estupendamente. Vamos a probar otro ángulo, ¿os parece?

Él dejó de besarla al segundo, y la realidad pareció derrumbarse con la frenada de aquel beso. Él le dedicaba una sonrisa, una sonrisa amistosa, y también de felicitación. Un mensaje estaba claro: “enhorabuena, compañera”.

Aquella sonrisa no albergaba más que complicidad, pero nada de lo que ese beso representaba. Había sido solo un beso profesional. El cariño que él sentía por ella no era lo que el beso suponía. Eran amigos, tan solo eso. Bueno, quizá ni lo fueran. Eran colegas, unos simples compañeros.

-Bien, empecemos otra vez. Cuando quieras.

Él se colocó en posición y empezó a recitar las palabras que le correspondían.

-Siento todo lo que ha pasado. Todo ha sido… No debí hacerte creer eso, no debí hacerte tanto daño. Después de todo, me he dado cuenta de que te quiero. Te quier…

Ella se había vuelto a lanzar a sus labios. La escena era así, en realidad. Pero no le había dejado terminar. No quería dejarle terminar. Solo quería volver a sumergirse en ese beso, volver a olvidarse de la realidad, disfrutar de su contacto, cerrar los ojos y sumirse en el sueño del que nunca querría despertar. Ella lo quería, lo amaba con todas sus fuerzas, y nadie iba a arrebatarle el derecho de un beso.

-¡Corten! Te has adelantado. ¡Empezamos otra vez!

El beso de nuevo se paró en seco. Él ahora no le dedicaría una sonrisa, puesto que estaba concentrado en su trabajo. Era excelente en él.

-Tres, dos, uno… ¡Acción!

Él comenzó a repetir sus palabras, y las lágrimas se agolparon en los ojos de ella sin ningún remedio. Reflexionó sobre aquellas palabras que él repetía. En realidad, no se las dirigía a ella. Estaba trabajando. No eran reales. Si en algún momento él las dijo en la realidad, no había sido a ella, y nunca lo sería. Él tenía su familia, quería a su mujer y a sus hijos, posibles recibidores reales de esas palabras. Pero cuando se las dirigía a ella, eran pura fantasía.

-…te quiero-terminó.

Ella debía iniciar el beso, pero no pudo. Bajó la mirada para tratar de retener las lágrimas, y de repente se vio besada por él otra vez. Había decidido acercarse él, cuando la escena dictaba lo contrario. Sin embargo, la escena debió de gustarle al director, puesto que no interrumpió.

El beso fue igual de intenso que la primera vez, pero el sentimiento era completamente diferente. Quería llorar, gritar, salir de ahí, detener aquella farsa.

-¡Corten! Perfecto, chicos, perfecto.

Por tercera vez, él se alejó de ella. Se quedó estática durante un segundo, haciéndose a la idea, una vez más, de que aquello no era la realidad.

Él la agarró de la cintura en un caluroso abrazo mientras el resto de compañeros de rodaje iban a felicitarlos. Había sido su última escena juntos.

Probablemente, aquella sería la última vez que lo viera.

Era lo mejor, en realidad. No podía seguir alimentando unas esperanzas falsas, irreales y dolientes.

Ella le devolvió el abrazo y lo rodeó también por la cintura, mientras respondía a cada una de las felicitaciones y trataba de sonreír. Se sentía mareada, su corazón bombeaba tan fuerte que amenazó con ensordecerla, pero debía seguir fingiendo. Debía mantenerse, continuar siendo una actriz de la vida.

Porque, ¿qué es el cine sino pura ficción?

4. Las cintas (grabarlas)

Las cintas, los recopilatorios de canciones grabados en casetes de toda la vida, se confeccionan por tres razones, que yo llamo las Tres Es: Educar, Enamorar y Egoísmo.  Y también para adelgazar; nadie puede imaginar el esfuerzo físico que conlleva hacer un recopilatorio de noventa minutos. Levanta, apunta, busca, pincha (inevitablemente), baila, solloza, vuelve a buscar. Y luego se extrañan cuando nos subimos a las paredes el día en el que alguien nos recrimina que “solo” hemos regalado una cinta para el cumpleaños de alguien. En esa cinta, señores, van dos horas de faena y seiscientos gramos de grasa y sudor. ¿Que no?

Gracias Gran Kiko Amat por retratar la realidad de tantas adolescencias perdidas en cintas que querían decir cosas a gente que nunca entendieron.

Mil Violines. Kiko Amat. Editorial Random House Mondadori, 2011

3. El fragmento que me cautivó

Imagina que tienes que romper el brazo a alguien.

El izquierdo o el derecho, da lo mismo. La cuestión es que tienes que romperlo, porque si no… Bueno, eso tampoco importa mucho, digamos que pasarán cosas malas si no lo haces.

Mi pregunta es la siguiente: ¿le rompes el brazo deprisa-crack ups, vaya, lo siento, permita que le ayude con este cabestrillo de emergencia- o alargas la presión durante sus buenos 8 minutos hasta que el dolor se convierte en algo verde y rosa y caliente y frío y en su conjunto, absolutamente insoportable?

The gun seller. (Una noche de perros)

Hugh Laurie.

Recitado de memoria por @MJ_lykos una tarde de junio, con sol fuera y viento sur. Sí, a veces MJ se transforma y da miedo…

2. EL RITO

Bum.Bum.Bum

A cada paso que daba, la maza golpeaba el tambor, haciendo estallar aquel ruido infernalmente atronador. Al oírlo la gente más cercana se apartaba y formaba un pasillo para que mi séquito y yo pudiéramos pasar y avanzar lentamente hacia la Colina Sagrada.

La lluvia-que-mata había descargado su furia contra la tierra esa misma mañana, así que mis pies descalzos se iban abrasando a medida que se hundían en el mortífero barro. Pero yo apenas lo notaba, los Ritos del Fin de la Noche me habían dejado aturdida y desorientada. Estaba segura que aquel brebaje que los hombres sabios me habían hecho beber llevaba algo extraño disuelto que era el causante de todo. A mi alrededor se confundían las imágenes, y los himnos que resonaban por todas partes me llegaban distorsionados.

Todos me decían que era afortunada al haber sido elegida para completar el Rito, que después de aquello mi vida dejaría de ser miserable y me ganaría el favor de los dioses para que mi gente pudiera volver a disfrutar de la luz del sol un año más. Yo siempre había creído que era cierto, y recuerdo que desde siempre había acudido año tras año al Rito para observar con envidia a la Elegida. Ella siempre era bella y pura, elegida por los dioses y tocada con sus gracias.

Todas soñábamos con convertirnos en una de ellas.

Para nuestras familias sería un orgullo y un honor, y nosotras viviríamos para siempre en la morada de los dioses, lejos de la oscuridad de la Tierra de los Desterrados.

Los hombres sabios nos contaban que todo esto no había sido siempre así, que hubo un tiempo en que nuestra tierra era la viva imagen de las tierras divinas. Pero nosotros la destruimos al dejarnos llevar por nuestros instintos más bajos y olvidar las enseñanzas de los dioses. Así apareció la Tierra de los Desterrados, fría y oscura, donde solo los más ancianos recordaban el significado de la palabra “verde” y la mayoría de los niños morían sin llegar a ver la luz del sol en todo su esplendor.

Por eso los dioses nos castigaron, pero en su infinita bondad también nos dieron un medio para que pudiéramos enmendar nuestros errores: el Rito del Fin de la Noche.

Y para eso estaba yo allí.

Por fin llegamos a la cima de la Colina Sagrada y uno de los hombres sabios me hizo arrodillar frente al altar. Ellos empezaron a entonar un cántico, pero yo solo podía fijarme en el chico que estaba frente a mí. Él era el Elegido, mi complemento, mi compañero en el viaje que íbamos a emprender. Los hombres sabios nos dijeron que en la morada de los dioses nos casaríamos y nuestros hijos serían espíritus de la tierra que protegerían a nuestro pueblo. Por un momento pensé que ojalá pudiéramos tener hijos en este mundo, pero eso ya no podía ser.

Le miré fijamente durante una eternidad para ver si me devolvía la mirada y así ver su alma en sus ojos, pero él estaba demasiado enfrascado en la imagen que tenía delante: el cueco que recogería su sangre sagrada durante el Rito.

En ese momento los hombres sabios dejaron de cantar y se acercaron a nosotros. Uno de ellos se colocó detrás de él, posó suavemente una mano sobre su cabeza y sacó un cuchillo. En ese mismo instante supe que detrás de mí había otro haciendo lo mismo.

Cerré los ojos en el momento justo en el que el acero nos acariciaba delicadamente el cuello.

Todo se volvió negro.

A.

Basado en La Consagración de la Primavera de Stravinsky, quizá fuera buena idea escucharla mientras se lee. A mí me inspiró.

1. ENSAYANDO LO YA ERRÓNEO

Miro hacia los lados esperando tener un vaso de agua, que obviamente no tengo.
Miro el papel que sostengo, aquí residen todos mis años de trabajo, de esfuerzo, todo en estas 100 líneas.
Sin ningún compañero más que la fuerza, veo la señal de que debo salir.
El momento ha llegado.

Entonces salgo, con la cabeza bien alta, esperando a ser aplaudido por lo que sin lugar a dudas será la última vez, mirando al frente. Ni una gota de sudor.

-Queridos compatriotas, he de serles franco.-pausa.-Nunca pensé que nuestro estado pudiera tener éste éxito, nunca pensé que alguien como yo pudiera conseguir tanto por un país.-Pausa. Miro hacia los lados, intentando deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta, siento como se extiende hasta el estómago, el sudor empieza a hacer su aparición.
-Quien hubiera dicho que tanto en tan poco. Fue divertido. Nadie nos dirá jamás que no tuvimos nuestro momento, que no estuvimos en la cima, que no fuimos lo más grandes.-Espero a que me aplaudan de nuevo. Miro las caras esperanzadas del centenar, quizás el millar de personas que me está escuchando. Gente que está esperándolo todo de mi.
-Creo firmemente en todo aquello que hemos conseguido, en lo sólido de nuestro gobierno, en ustedes.-Pausa. El sudor ya es notable por todo mi cuerpo, los guardaespaldas están delante y la policía atenta.
-Sin embargo, he de decirles que no he sido capaz de evitar esta situación.-Pausa breve.-La guerra ha llegado y yo no puedo combatirla, jamás debí haber prometido tanto, nuestra idea era sólida pero no la gente que lo aprueba lo entiende.
Siento decirles que presento mi dimisión de este puesto, ustedes sabrán elegir a alguien capacitado para ello.-
Se escucha a lo lejos un alboroto, gritos como “mentiroso”, “corrupto”, “cobarde” empiezan a brotar de entre la multitud.
-Quedan cerrados oficialmente todos los bancos como impuesto de la próxima guerra y quedará un gobierno provisional hasta que se celebren nuevas elecciones.- La gente se ha vuelto loca, la policía entra en acción.
Un estruendo de gritos se apodera de todo el lugar, empiezan a llover botellas, piedras.., mis guardespaldas me escoltan hasta el helicóptero donde me aguarda mi familia, todos asustados, nos iremos del país, esto se me ha ido de las manos. Al menos nuestro futuro está asegurado.
Entonces vuelvo en mí me veo frente al espejo, con el papel en la mano.
-Haya vamos.-Digo antes de salir al escenario.
-Queridos compatriotas…- Empiezo con tono alto y claro.
Fabricado por Lucio J. Adansa (c) Cuando el caramelo se seca, a las 07:06
Publicado originalmente en “Chupetines con sabor a mate”, en http://www.demipuoyletra.blogspot.com.es/
La adaptación de este relato obtuvo 3 premios en la IV Edición del concurso de cortometrajes juvenil “No te cortes”


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3 comentarios en “Cuentos oceánicos con viento sur

  1. Querida Mj, tengo algo que decirte:


    ¡Sin palabras, darling!

    ¿Hacemos otro corto de esto? Familia, política, música, cine… nos quedan pocas cosas por tocar xD (a todo esto, ¡¡deberíamos hacer algo este verano para la próxima edición!! :P)

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